Martes de insomnio

Eugenio Gutiérrez


Home

  • Noches Brillantes

    Fuera cierto la paz, la felicidad, el instante. Muchas veces pienso en nuestra noche, cuando todo se sentía correcto. Esa en la que nunca hablamos, lágrimas poéticas, sonrisas significativas, estrellas brillantes, suspiros de felicidad.

    Parecía nuestro cumpleaños, el amor nos llenaba el fin de semana, nos miramos los domingos en la noche como si fuera jueves con asueto el viernes, estábamos a una distancia que no podíamos reconocer nuestras variaciones de suspiros, el suspiro lagrimoso.

    Vi los ojos de ellas, de todas, mi pasión llenaba la luz de sus ojos, mi chaqueta causaba preocupación de moda, mi pelo transmitía sentimientos extraños. Sentíamos preocupación de parar de vernos.

    Mis lentes tapaban las pocas lágrimas que escurrían sobre mi cachete izquierdo, dañaba la madera del suelo. Tenía ganas de estirar mis brazos y escogerte una estrella, la que más brillaba, la que más te haría feliz. 

    Inclinaste tu cabeza un poco a tu izquierda, te murmuraba lo que sentía, no me escuchaste, solo seguiste sonriendo. ¿Cómo debo expresar mis sentimientos? Con un abrazo largo, una mirada exagerada.

    Cada vez que te veo pienso una cosa diferente, pienso en para quien te arreglaste tu pelo, para quien sonríes, quien te escribe a tu teléfono.

    ¿Qué tal si nos acompañamos?

    ¿Qué tal si bailamos una canción eterna?

    Puede ser que las madrugadas sean para los locos, y los medios días para los débiles, y que los suspiros puedan mantener una emoción estable, que las nubes brillen, y que la luna explote al fondo de nuestro beso.

    Fue así, fue triste, fue impresionante como los diciembres se van, uno por uno, los árboles no renacen, y tu mirada no cambia de color.

    Ahí veía a todas, a todas las que les di mi pasión y mi alma, solo una me volteaba a ver, una con mirada brillosa, y con una sonrisa llena de flores, la que estaba vestida de felicidad, la que me sonreía de regreso, la única que no me daba la espalda, la que me prestaba su alma, y le regalaba mi corazón, la que seguía mis pasos, la que escuchaba mis historias, la que me ayudaba a lidiar mis problemas…que tenía con ella. 

    La única que me abrazaba, la tenía de frente, la tenía a mi lado, para nuestra navegación emocional.

    La tenía de frente, a una distancia alcanzable.

    Eugenio Gutiérrez, ®2023

  • En conclusión

    Regresamos y regresamos a los únicos cuatro abrazos, a las mentiras que no se mueven, a las sonrisas que no cambian. Pudiéramos ver el atardecer todos los días, pudiéramos aprender lo que nos deprime, pudiéramos llorar, y poner una cara expresando sentimientos que solo podemos entender cuando nos vemos llorar en el espejo. Acostado en la alfombra volteando hacia el techo de nuestro cuarto con música a todo volumen, con todas las luces del cuarto prendido, con la cara roja de tanto llorar, ahí es cuando nos acercamos a entendernos. Cuando tenemos la habilidad de voltear al cielo fresco, al horizonte infinito, a las montañas, a los montes, voltear a ver a los ojos. Los ojos te cuentan tanto, te dicen las emociones en cada instante, te dicen la cantidad de melancolía en cada día, vivo por esas miradas, y muero por esas lágrimas. Esos ojos, estando a medio metro de ti, los dos estando sentados, con la intención de reír, pero sabiendo que no podíamos sonreír, era un momento de paz, me contabas toda tu vida, todas tus lágrimas, me contabas todo con solo un movimiento de cejas. Se siente la voluntad de querer seguir amando, tus movimientos melódicos, se sienten tus brazos galácticos sobre mis hombros dañados.

    Trato de separar influencias, pero debo de entender por qué te vas sin girar tu cintura. No puedo caerme en cámara lenta, desde un barranco, como una película,  siento la fuerza de la tierra jalarme hacia el suelo, caigo de espaldas, mis lágrimas llegan al suelo cuatro segundos después de mi cuerpo, caigo con alivio. Con el alivio de que estás tú para agarrarme, tus brazos llenos de amor.

    Y si sabemos de las alarmas, de despertarnos, de las épocas de enero de insomnio, a las 2:14 a.m. Al centro de nuestra felicidad, qué pasaría si aprendiéramos de nuestras victorias, y llorar de nuestras derrotas.

    Detente, como los abrazos. Aliviate de los días nublados, de los lunes con lluvia donde no podemos pensar, donde nos forzamos a sonreír. Podemos llorar todas las tardes, desvelarnos todas las noches, levantarnos con sueño, pero necesitamos seguir poniendo alarma, seguir brincando a las caídas necesarias, gritarle a nuestros sentimientos de rencor. 

    Recorremos la mente tratando de buscar recuerdos de la infancia, los que no recordamos mucho, solo los olores, las sonrisas, el clima del día. Nos acordamos de una época cuando todo era más fácil, un camino más sencillo, menos lágrimas y más gozos. 

    Seguimos buscando esos gozos, escondidos en la otra cuadra, en otra persona, en la persona correcta que llevamos buscando todos nuestras noches.

    A ver si el universo se resuelve enfrente de nosotros, a ver si por fin podemos vernos juntos en esos espejos, a ver si puedo sentir tu palma, a ver si cancelamos todos los días del año, que todos los días sean nuestros.

    Eugenio Gutiérrez, ®2023

Sobre Mí

Soy Eugenio Gutiérrez y mis ojos están llenos de historias.

Newsletter