-
Mil días más

El sol brilla nostalgia en momentos importantes. Espero que hoy brille así. Espero que te pueda abrazar y no dejar de sonreír. Espero que pueda vivir. Espero que todos sonrían. Espero que sean felices. Espero que puedan alumbrar al mundo con sus sonrisas.
Espero que te acuerdes de mí. Espero que no te conviertas en una adulta amargada. Que tengas algo de aventura en tu vida. Que te arriesgues. Que aprendas. Que te rompan el corazón. Espero que seas la persona que estarías orgullosa de ser. Espero que aquí no se acabe nuestra historia. Espero que podamos ser victoriosos un día más. Gozar el sentimiento de estar vivos.
Mañana se acaba el mundo y solo quiero tatuarme tu graduación de lentes en mi antebrazo. Se acaba el mundo y solo estás tú, alumbrándome las venas.
Estamos rozando la orilla del cielo y estoy yo mudo enfrente de ti. Moriré sin decirte absolutamente nada. ¿Dónde quedará mi nombre impregnado? ¿En el tapete de bienvenida de mi casa? ¿En la puerta de tu cuarto? ¿En mi preparatoria? ¿En tu clavícula? ¿En el llavero de mi amigo? ¿En un hospital en Jalisco? ¿En una foto enmarcada en Aulas 1? ¿En una foto en favoritos? ¿En la carrera que me prometí hacer? ¿En el speech del embajador? ¿En la entrega de títulos donde me desvanecí al escuchar mi nombre? ¿En la calle que tiene el nombre de tu perfume preferido? ¿En una pulsera que portará mi madre? ¿En la voz de Dios? ¿En una petición ebria? ¿En los ojos de mi perro?¿En una promesa de regresar al mismo lugar 3 años después? ¿En un mensaje de despedida? ¿En una medalla? ¿En 11? ¿En el escritorio de aulas 2 donde aprobé alemán? ¿En una carta de amor incompleta? ¿En un par de lágrimas oportunistas? ¿En una confesión de amor en el último segundo posible?
Estamos estáticos viendo el fin del mundo de reojo. Y no sabes que daría por mil días más.
Hoy el sol brilla con sílaba tónica. Los rayos alumbrando nuestros rostros lo suficiente para decirnos la verdad. Que no podemos vivir sin el otro. Nos alumbra lo suficiente para que nunca olvidemos este momento en el cuál tu rostro brilla un atardecer nuclear. El momento en el que avanzamos un paso más. De pronto me doy cuenta que en tus ojos siempre estuvieron las respuestas que tanto busqué. Un eclipse dentro de tus pupilas.
Podremos morir mañana, pero hoy somos eternos.
Eugenio Gutiérrez, ©2026.
-
Si las espinas fueran de algodón

Búscame en tu mapa mágico. En tu televisión. En el ladrillo tallado de la cochera de la casa de tu abuela. En la cafetera que nunca usaste. Detrás del espejo. Detrás de tu marco. Búscame por que ahora estoy atorado. Estoy atorado en tu pensamiento. Abres tu correo diariamente para encontrar empaques vacíos con mi loción, mi nombre en braille, mi sangre hecha vino. Me encuentras en el sol, en una esperanza de que todo sigue igual, de que sigue siendo domingo en la casa de tu mamá. Siguen sonando los candelabros, siguen sonando los engranes de mi reloj, siguen sonando los alienígenas que viven en tu sótano. Sigues viendo mi pelo cortar el brillo de la luna en 18 partes iguales. Sigues imaginando la realeza de mi pudor pujir contra tu espalda. Sigues con una foto mía enmarcada sobre tu escritorio. Sigues ignorando tu trabajo, tus amigos. Solo tienes la imagen de mí rugiendo por tus venas, te quema, te aturde. Gritas alguna frase en latín para que aparezca frente a tu cama sin indumentaria. Pasas alado del puesto de flores cerca del parque municipal a ver si estoy comprándote un ramo de claveles.
Estoy cortándome las pestañas para acomodarlas en la forma de tu rostro. Estoy en un sótano soviético, atado con hielo y promesas de golpes de estado. Los guardias se turnan para aventarme piedras, tengo el cuerpo morado. En dos horas me van a sacrificar, aún no se donde, aún no se si tengo escape, aún no se si el final es contigo o frente a un oso. Ruego que me marques, que digas una monosílaba que me inyecte uranio. Muero de frío, muero de suerte. De poder intercambiar instantes. De poder recordar tu rostro, de poder recordar tu canción favorita. Me rastrean en la prisión, mi mejilla causando chispas contra el acero, mi hombro derecho dislocándose. No puedo controlar mi carcajada. No puedo soportar la ironía. Los tres guardias, acomodados por altura y tamaños de fruncimiento facial. Toman turnos en lanzarme piedras a mi espalda, pujo cada estrecho momento, cada piedra una integral de bondad, de compasión, pudieron haberme alimentado al pueblo más cercano. Pero decidieron mi destino en honor a Ignacio Allende, al de tu padre. Que hasta la fecha sigue en la lista negra del SAT. Mi cuerpo se oscurece, grito tu nombre en alemán, en japonés, en francés, por sílabas, en morse, cambiando la sílaba tónica, lo gimo, lo lloro, lo sofoco, lo humedezco, lo digo entre pedradas, actualizando mi moralidad entre cada golpe, lo separo por aplausos para contar todo lo que te extraño. Me castigan, aparece tu rostro entre pulsos irregulares. Mis lágrimas se congelan al momento de caer al concreto. Las heridas de mi espalda dictan tu CURP. Las de mi cuello tu mordida. Las de mi alma tu falta de presencia.
El sufrir suena tan fácil si termina contigo. Si termino cálido y limpio. Si el comunismo se termina y me salgo del año 1982. Si mi madre hubiera vivido más de 44 años. Si nunca se hubieran olvidado de mi hermano en Disney. Si los látigos no dolieran tanto. Si las espinas fueran de algodón. Si pudieras mantener contacto visual conmigo. Si pudiera inhalar grandes cantidades de humildad. Si nunca hubiéramos comprado esa botella de Mezcal. Si Interjet no la hubiera cagado. Si la ebriedad revela el interior sincero. Si no hubiera agarrado ese vuelo a El Paso. Si la heroína no fuera tan cara. Si no hubiera gastado tanto tiempo de mi vida pensando en ti. ¿Si tus brazos fueran de cuero, y el amor fuera una divisa? ¿Y si Karl Marx nunca hubiera nacido? No estuviera en esta prisión sufriendo, murmurando una línea de una canción de Phil Collins para acordarme de un sábado de niño. Sonriendo un poco más. De nuevo, ¿y si las espinas fueran de algodón ?, ¿si Jesús no hubiera sufrido tanto? ¿Y si la tablaroca no fuera famable? ¿Y si Rusia fuera un paraíso? ¿Y si las lágrimas fueran una fuente de ingresos?¿ Y si puedo volver a ver el sol? ¿Y si volamos junto a él? ¿Y si mi muerte no es tan dramática como siempre pensé?
Pasan todos los lustros que quieras. Pero sigo ahí. Víctima de la tundra. Víctima de ti.
Eugenio Gutiérrez, ©2026.
-
Autos color dolor de cabeza

Una franja naranja arruinando el miércoles. Exponiendo las verdades más crueles de cada pasajero. Te apunta a ti, te juzga como si fuera juez, jurado y verdugo. Tratando de someterte en el pozo de la injusticia. Y el día sigue estando naranja. Cómo una pintura surrealista de Dalí. Facturando cada instante que dejas de respirar. Fusilando tus oportunidades de poder inhalar recuerdos. Agujas te penetran las cejas al recordar tu infancia, no sabes identificar qué parte de tu rostro recuerda mostrar gratitud. Te bajas de tu carro que resalta el color del día. Trabajas en tu carácter para verte más aceptable frente a tu familia.
Solo puedes quedarte en posición dorsal apuntando hacia al sur. Donde vienen en camino tus profesores de Humanidades, a conversar sobre tu camino vocacional. Superando lentamente los martes, acostumbrándote a la recta final que se presenta detrás de ti. Inoculando apatía en la garganta. Rascándote las orejas. Penetrándote la espalda. Sin punto de escape. Todo tu cuerpo es sofocado hasta el punto que puedes sentir. Eres levitada sobre la mesa del comedor. Eres fragilizada por tu aerolínea favorita. Un empaque más, una carta de cumpleaños menos, un gasto festivo menos.
Una turbulencia en donde no sueles cuestionar los orígenes de enfermedades transmitidas por mosquitos. No sabes nada, no lo quieres saber. Idealizas la muerte. Idealizas la conformidad. Idealizas los carros naranjas, la fruta podrida, los asuetos, fierros oxidados de fábricas distópicas matando lentamente las zonas rurales.
Me dejo caer hacia la nube, surtiendo mi cabello, girando, igualando las revoluciones por minuto que requiero para volver a pensar en ti. No paro de caer. Abro los ojos y me sobornan los párpados. Un olor asalta mi sistema nervioso. Tu risa congela mi caída, quedo atrapado en medio de un hoyo negro, el tiempo se congela, mi cuerpo se desintegra. Se me olvida como respirar. Se me olvida cómo pensar. Se me van cayendo los dedos, uno por uno, los brazos se me quiebran, mis piernas se hacen polvo, mi torso se convierte en la sombra del fondo. No veo absolutamente nada. No siento.
Dicen que al morir se te aparecen los mejores momentos de tu vida, dicen que aparecen instantes de tu infancia, tus padres, tu día de bodas, el nacimiento de tus hijos, la muerte de un hermano, tu primer beso, tu graduación, tu primer gol. Pero nunca pasa eso, la muerte no es tan cinéfila. Solo un inhalación de desdén. Apuntando hacia mi. Congelando mi pecho.
Una calle, 53 metros. Soledad. Av. Juan Escutia. La calle está mojada, pero no está nublado. Estoy dentro de la nube, o de una montaña, dentro del cielo o del purgatorio. Un faro. Ilusionándome de algo más allá de él. Pero una intuición me dice que ahí es de donde van todos los padres nuestros. Camino lentamente, apreciando el bosque que sobresale. Los árboles tuercen hacia adentro. Llueve clavos. Llueve jamaica. Persigo mi propia sombra. Denuncio el asfalto que me empeora el miércoles. Se me cae el cabello, se me cae la ropa, se me cae el cuerpo, me hundo hacia la calle.
Es el momento perfecto para que aparezcas ya, despertándome, ofreciendo café puro colombiano, mientras el sol nos penetra la piel, mientras que de la ciudad desaparece una hectárea por cada parpadeo. La cama destendida, tu pelo desacomodado, tu pulgar izquierdo haciéndome vivir. Tus pupilas invitándome a convertirnos en náufragos.Ahora es cuando más te necesito, cuando más pujo tu nombre. La calle se vuelve naranja, el cielo se cae a pedazos. La niebla se convierte en una pared de ladrillos. La luz se entierra en bipolaridad al parpadear entre naranja y negro. Cómo si la eternidad fuera una técnica de tortura china. Llueve miserias, nieva dagas. El infierno de Dante revisualizado. “Una vista al infierno interior de la humanidad en la sociedad contemporánea” Salón 201. Piso 82. 6:30am. Escucho la risa del diablo, me llama por mi apellido, por mi matrícula, por mi número de seguro social, mi CURP, mi código de barras, mi código QR, mi clasificación étnica, mi graduación de lentes, mi tipo de sangre, mi apodo de secundaria, me dice padre, hermano, infiel, pendejo, irrelevante, abstinente, inservible.
El cielo se derrite, el infierno se eleva, el mundo se quiebra. Juego con mi destino un poco. Sonrío, lo suficiente para hacerlo irónico. Saco un cigarro. Me río. ¿qué más puedo hacer? Pienso en ti, a ver si cambias mi destino. A ver si aparece una cuerda dorada para regresarme a esa cama, a esa mañana, a esos ojos. Al momento en el que tu pelo se vuelve en el lienzo ideal. Exhalo una última vez. ¿Si ya morí, entonces que sigue? ¿Algún otra condena? ¿Algún momento de realización? ¿Alguna reflexión? ¿Cuánto quieren? ¿Una laguna de lágrimas? ¿Un mar rojo? ¿Un bosque de miserias? ¿Una ciudad de rotos corazones? ¿Un campo de epilepsias? ¿Una cuchilla atravesándome la costilla, dándome entender cómo la he cagado? ¿Un veneno que me deje todas las respuestas? ¿Un suero que me las quite? ¿Una manzana que me quite todo?
Ahora no despierto, no abro los ojos, no hay algo especial que me saque, ningún recuerdo, ningún perfume, ninguna canción. Ninguna ola de conformidad cegando mis posibilidades de escapar. Ningún rayo de sol cambiando la época. Ningún fantasma proporcionando el camino indicado.
Un segundo. Un instante. Todo lo que pido. Un instante fuera de la oscuridad. Para verla, para gozarla. Para quedarme vivo. Para que me pueda revivir. Para poder estar conforme en la eternidad. Una fracción de segundo con ella, para que pueda vivir. Para que pueda disculparme, o quedarme completamente callado. Para rezar. Para arrepentirme. Para caminar sobre el techo. Para aprovechar. Para flotar sobre el océano. Para probar la puta pesca. Para dedicarme a la fotografía o a la agricultura. Para ver a México campeón. Para volver a cagarla. Para probar langosta. Para escalar el Everest sin abrir los ojos. Para nadar desnudo en el Sena. Para congelarme. Para morir de calor. Para experimentar con todas las drogas recreacionales. Para ilusionarme como idiota. Para llamarle a mis padres. Para aprender a cocinar Ratatouille. Para volver a reír junto a mi hermana. Para causar una pelea en un bar. Para cagarla al momento de cortarme el pelo. Para tatuarme una estupidez en el chamorro izquierdo. Para lesionarme la rodilla y nunca llegar a la liga. Para tener huevos para decir “te amo”. Para dilatarte las pupilas. Para sangrar por las orejas. Para pintarte los senos con mi acrílico preferido. Para pedirle perdón a mi psicóloga. Para matar coyotes junto a mi perro. Para gozar un atardecer perfecto en un martes cualquiera. Para crear el viaje en el tiempo y quemar la fórmula. Para llorar en el cine. Para llorar en el soriana de la esquina. Para cantar la peor canción que pongan en la radio. Para drogarme con el pordiosero en Gonzalitos. Para vender mi casa y comprarme un Porsche. Para vivir por dar abrazos gratis. Para poder volar. Para nunca parpadear. Para disculparme. Para decir si. Para fumar. Para pelearme con la oscuridad. Para morir sobre un volcán, sacrificándome por ti. Para escribir la obra de teatro perfecta, para escribirme en la clavícula todas las líneas. Para unirme con los grandes. Para poder escribir sobre el viento. Para tatuarme TE AMO en la lengua en braille. Para salvar a John Lennon. Para salvar a mi abuela. Para encontrarte la joya perfecta. Para poder abrazar a mi hermano. Para morir apasionado. Para morir sonriendo. Para inyectarme las flores que aparecen junto a tu rostro.
Eugenio Gutiérrez, ©2025.
-
El cielo no te deja llorar

Sería como un sábado a las 7am en un parque, una caminata sin nadie en la ciudad. Un café solitario. Una bolsa de basura nadando sobre Vasconcelos. No notarás el cambio de que ya no rondas en la tierra. Piensas que estás en un sueño, pero habitas donde siempre quisiste estar, en paz, solo, sin ruido, sin distorsión, sin palabras. Caminas las avenidas donde atropellan a doce ciclistas diariamente. Las montañas están llenas de apatía. Está nublado, parece que va a llover pero nunca va a pasar. Hace frío, aunque habitas un desierto vacío, no tienes prisa de cubrirte. No tienes prisa de quitarte el dolor, porque por primera vez no sientes. No hueles, no saboreas la brisa. No sabes vivir en paz, porque nunca lo has tenido que hacer. No sabes sonreír así que intentas sonreír a tu reflejo. Dios aparece entre las nubes como un rayo de sol todos los días a la 1:28pm. Con una oración que te hace revivir un poco. Se te olvida que estás en el cielo. Cada quien vive en soledad en su propio paraíso. Parece ser el peor infierno. Creo que le faltó mencionar eso al Padre Raymundo, estarías más tranquilo si lo hubiera sabido desde antes. No sabes como lidiar con el mundo porque ya no existe. Ya no tienes con que o con quien quejarte. Solo contigo mismo. Huele a lluvia, pero el pasto está seco, los árboles se mueven pero no se siente el viento. Caminas cantidades exageradas solo para no estar estático, porque al estar eso mismo es donde más te arrepientes de todo lo que nunca pudiste hacer. Vas dándote cuenta que los ecos que escuchas sobre las avenidas son de todas las mentiras que dijiste en tu vida. Ahora el cielo se llena de decibeles. Ahora el cielo se distorsiona. Cada monosílaba falsa que prometiste navega tu mente. Te aturde y no sabes en qué dirección respirar. El cielo no te deja llorar. No puede existir humedad entre tus párpados. Esperas que sea la 1:28pm para que puedas recibir tu cifra diaria de esperanza para darle sentido a esta realidad. Esperando que cambie. Esperando que acabe. Esperando que llegue Dios a salvarte. Esperando que el sol nunca baje. Esperando llegar a Edén. Esperando el cielo prometido. El paraíso. El lugar donde están todos tus ancestros esperándote, el lugar donde todo el sufrimiento tendrá sentido, dónde está tu perro de la infancia corriendo hacia tu olor, donde está el hijo que perdiste en el segundo trimestre. Dónde está tu madre esperando un abrazo desde que falleció. Dónde está tu hermano al cual nunca te pudiste despedir. Donde están todas las almas que brillan sobre tu cuerpo. Está la persona que pudiste ser, la versión de ti que nunca podrás llegar a ser.
Piensas que Dios te metió a un sótano de tortura. No esperas cambio. No dices nada. No lloras. No sabes portar incertidumbre. Eres invadido por todo lo que siempre quisiste ser. Un ganador. Y pierdes todos los días. El rayo de sol siempre se tarda en llegar. 7 segundos de oxígeno en las ondas del océano pacífico. ¿Cómo vivir con 7 segundos? ¿Cómo vivir de una promesa del catecismo? ¿De una promesa que parecía tan simple cuando la decía la maestra de religión? ¿Cómo vivir, si ya moriste?Eugenio Gutiérrez, ©2025
-
Desapareció la Sierra Madre

Desapareció la sierra madre
Se acabaron los goles de mundiales
Se abrió la última botella de vino
Se prendió el último cigarro en un festival
Se acabaron los miedos de decir la verdad
Se recicló la última botella de coca cola
Se rescató el último niño en el medio oriente
Se acabó el último primer beso adolescente
Llovió por última vez en Oregon
Se acabó el sol en el desierto regiomontano
Ya no hay confesiones de amor con serenata
Ya no hay historias nuevas
Cayeron lágrimas en el baño por última vez
Se generó fricción entre jeans por última vez en el cine
El comedor se llenó por última vez
La cocina no huele a maravillas
El sol no tatúa nostalgias
Las nubes no desvanecen la apatía diaria
Se acabó la hueva del domingo, los abrazos de hermano, las ilusiones de una carta, el amor a distancia, el amor cercano, los días soleados, la huella de una mascota arruinando tu camisa favorita, los salarios, las horas libres, las asistencias, las promesas. Se vuelve blanco. Crea opacidad. Solo siento mi respiro, Ya no hay nada. No existe nada más. No puede existir. Mi padre ya no me ofrece cerveza. Mi madre ya no me ofrece una clase para pasar mis tardes con miseria, mi hermana ya no se ríe junto a mí. Mi hermano no recuerda mi nombre. Mis abuelos piensan que soy vendedor. Mi perro no reconoce mi olor, ni mi voz, ni mi rostro. Ni yo lo recuerdo. Cancelaron clases, cancelaron todo. Es asueto con puente que brinca toda la semana. Ya no hay estados de mente. Todos viven cómo fantasmas rondando las calles. Buscando un halago accidental. Ya no existen problemas de dinero, solo de alma. Huyo de mis noches para buscar amaneceres. Nazco al correr. Corro para buscar una salida, al escapar me encuentro un poco. No hay fogatas, ni historias que contar. No hay encuentros mágicos con mujeres hermosas en supermercados. No hay amor que dure. No hay mensajes de reencuentro. No hay reinicios. No hay segundas oportunidades. No hay nostalgia. Solo fuerzas extrañas que nos fuerzan a resistir el cambio.
Pero existe una mujer. Que va por las calles ofreciendo consejos. Haciendo sonreír a pasajeros afortunados. Me hace sonreír a mí. Tiene ese efecto con las personas. Causa que claveles florezcan alrededor de su cuello. Viaja conmigo de vez en cuando en mi carro. Me cuenta lo que la hace sufrir, comparto algún comentario que pudiera hacer que piense más de mí. La hago reír sin querer. Creo que es bueno. Creo que todos quisieran admirarla como yo la admiro. Siempre la recojo en el mismo lugar. Solo andamos en el carro, no nos bajamos a cenar, ni a mi casa. Porta 32 perlas blancas que se alinean como los astros para formar una constelación que esconde una voz que causa celos a los ángeles. Es un amanecer en este mundo lleno de neblina. Cada célula de mi cuerpo se prende en fuego al verla sonreír. Pide que acelere hasta el punto que grita. Pide Bruce Springsteen sin parar. Pide que el viento nos dañe el pelo. Porta los mismos lentes de sol, Cartier. Aveces arriesgo nuestras vidas para verla en medio de la carretera. Y cada vez vale la pena. Cada vez que volteo pierdo un miedo, el sol se encaja entre su cabello, sus ojos se confunden con los colores del cielo, su sonrisa invade mi vida, ese momento es el atardecer perfecto, dónde está ella sonriendo. El sonido del carro rascando el asfalto, su imagen acuchillándome la encía, su voz sofocando mis vértebras, su pelo navegando mis arterias, su mano sobre mi hombro resucitando la vida en mí.
Cada vez que lo hago el mundo pierde un kilómetro cuadrado de neblina. Lentamente la Sierra Madre aparece. Cada día, ella va resucitando la vida de la ciudad. De repente es primavera y me levanto temprano. De repente la música no tiene distorsión, y la cocina está llena de familiares. El sol salió y está en mi carro cantando que quiere correr sin parar, quiere amar hasta que muera, y yo estoy listo para morir.
Eugenio Gutiérrez, ©2025
-
Revalidación

Tanta dualidad en 24 horas. Una mirada que ofrece tanto, que dure hasta sangrar. Tanto sufrir en 24 horas, tanto dolor en las diferentes formas que el sol le puede pegar su cuerpo. Quisiera un día entero para verla. 24 horas para ti. Prefiero vivir esas contigo que una vida completa con tu sombra. Donde pueda decir la verdad y acomodarte el cabello.
Algunos instantes para denunciar el tiempo por tardarse tanto en provocar en que nos miráramos. Una intercambio que compartimos te dió más gusto que cualquier collar costoso que te regala tu novio. Ves en mi algo que no sé si exista. Quisieras tener conversaciones conmigo que no sé si tendría las palabras necesarias para ladrar una respuesta digna. Sé que dudarías de cada mural que mancho con mi grito. Sé que estarías harta de mi respiro.
Sé que tienes tatuadas en los hombros palabras que alguna vez tu padre gritó. Sé que quisieras ir de sabático. Sé que odias los martes, porque ese día, en la noche, dudo de todo lo que me dices y de la realidad de tus besos, y pienso, un poco en cada flama que te rodea el cuerpo y como me quemo al tocarte. Tengo todo el cuerpo quemado. Sé que te quisieras ofrecer para darme injertos. Sé que dejarías todo para visitarme al hospital. Ahí siempre es martes. Ahí me mandas cada vez que parpadeas. Me lleno la ropa de rebaba. Porto clavos en la espalda. Me dirijo al trabajo sin saber que estudié. Sé que entre tus brazos me acordaría mejor. Me levanto todos las mañanas esperando que sea el día en que llegue la noticia que me cambie la vida. Pero quizá no es sobre eso. Quizá todos estamos mal, nadie acierte a la pregunta más cautivadora de la casa de la abuela. ¿Cuál es el propósito de la vida? Todos estamos mal. Todos tenemos historias diferentes o explicaciones plagiadas. Todos tenemos un motivo diferente, todos tenemos una imagen diferente en la mente al momento que suena la alarma el lunes. Queremos todo, y ni decimos por favor. El propósito de la vida es encontrar momentos, fotografías, recuerdos, chispas en donde todo suele pasar más lento de lo habitual. Eso es vivir. Recibir noticias de tu hermana que va a ser madre, ir todos los domingos a la tumba de tu padre a decirle las cosas que portas en la gabardina. Llorar con tu pareja por primera vez desde que eras niño. Bailar y fingir que sabes que estás haciendo. Romperte la voz por querer imitar a Juan Gabriel. Mudarme de vez en cuando y verle el rostro a los días fríos.
Lento. Así debe ser la vida. Todo lento. Sentir la brisa lenta murmurar mi futuro al oler la voz de la chica que guarda girasoles en el cabello.
Eugenio Gutiérrez, ©2025
-
Soñé que la besé

Soñé que la besé y no tuve problemas. Su canto me hizo levitar y pude controlar toda la tierra con un bostezo
Soñé que me solucionaba el problema que tengo al abrir los ojos todas las mañanas a las 5:57 am.
Soñé que yo era el problema, quizá la solución está en soñar así todos los días.
Soñé que la lluvia causaba alguna acción romántica con una rola de Chicago de fondo.
Soñé que la respuesta está en la cumbre más alta. (Está en el pozo más hondo)
Que fácilmente puedes fingir olvidar.
Que sabía decir te amo sin temblar.
Que la simpleza aturdía hasta el punto de sonreír.
Que al prójimo ya no se le habla en usted.
Que las últimas despedidas son prolongadas por abrazos duraderos.
Que el tiempo no existe, los relojes solo indican temperatura.
Que tuve el valor para decir algunas letras compuestas para hacer sentir especial a una mujer que duerme en los astros.
Que tuve el valor de no mentir a la cara.
Que me tomé el invierno para pensar en qué rincón de tu sonrisa me quiero acomodar.
Que nos hablábamos en un lenguaje que solo tú y yo podíamos entender, nos enamorábamos y nadie lo sabía.
Que ignorábamos todos los pretextos.
Soñé que nos besábamos en la lavandería, reíamos como niños, el cuarto se llenaba de burbujas y lo único que podía ver era tus labios buscando regresar, a donde siempre quisieron estar.
Ahora despierto y me la paso ahí esperándote, oliendo a detergente y suavitel.
Eugenio Gutiérrez, ©2025
-
Versos de asuetos falsos

Una farsa eterna de chispas constantes apretándome el cuello levitando sobre un cañón argentino. Una cartera vacía que pesa más que el Everest. ¿Habrá que morir para después vivir? La avenida se mueve hacia mí. Se mueve el cielo, se mueve el sol tratando de decir que soy un pendejo. Almas pasadas me rodean, caigo inocente en los pecados del amor. Culpable de todo lo demás, todo lo demás que se asoma por el cuarto piso. Aquellas cortinas amarillas que filtran la peor parte del sol, la que me grita hasta con apellido. El café hace su propósito opuesto, el alcohol solo navega mi flujo sanguíneo sin sentido.
Soy un idiota que genera ansiedad al verme al espejo.
Busco respuestas y preguntas para cagarme de miedo, parece que soy un imán de tragedias, quizá solo tengo que irme yo. Quizá soy el salado.Reír entre besos, respirar tambaleando, palpitar irregularmente hasta quedar con la visión borrosa.
Tendremos que sonreír a un extraño hondureño para un sueldo, cantar sin sentido en la primera clase del lunes para poder beber agua, amar hasta el tope, hasta que las hemorragias me alcancen para poder verla a los ojos, tendré que gritar versos para poder inhalar el oxígeno que me robas.
Me merezco escombro, y me regalaste un campo de flores de Ámsterdam.
¿Tendremos que amar hasta no respirar?
Entonces me asfixiaré sin pretexto.
Eugenio Gutiérrez, © 2024
-
Ojos como alucinógenos

En algún rincón de la montaña es donde cada quien se siente seguro, donde el ruido externo se pasa como cascajo. Donde el único sonido que registra mi mente es el de tus párpados amaneciendo.
Aunque el mañana sea una realidad alterada del presente, no quiero que llegue, quiero que el ahora sea siempre, quiero que el siempre sea presente. Y que seas tú lo eterno.
Fuiste tú la que rompió el reloj. La que refleja los rayos del sol sobre la Huasteca.
En mi rincón, las luces de la ciudad parecen gotas de una lluvia ácida. Y cada paso que marcan los ciudadanos como termitas devorando un pedazo de madera. Alternando ilusiones cada vez que salen al trabajo en los lunes lluviosos.
Algo sobre ti me quita el miedo de cerrar los ojos en la oscuridad
Despertar temprano y verte a tí atravesar los rayos de luz que entran por la cocina, con una camisa de mi olor, que no sea tu talla, que no sea tu estilo, pero que la uses porque te recuerda a mí, y que me abraces aunque aún no puedas abrir los ojos. Ese es mi sueño. Ser parte de tu vida mientras tú ya eres la mía. Usar nuestros ojos como alucinógenos para olvidarnos de los domingos por la noche.
Amo tanto sin pensar, me inyecto tu mirada, me hace levitar.
Tú eres mi motivo. Eres la razón por la cual se cruzan los mares. Eres este instante. Eres mi fortuna. Eres por lo que sangro, sudo, lloro. Eres la X en mi mapa. Eres la mejor parte de una canción de Peter Gabriel. Eres la razón porque corro toda la carretera 66 de Estados Unidos, y al mismo tiempo eres la razón porque me quedo estático.
Circulo la tierra buscando el momento perfecto. Pero quizá lo tiene ella escondido en su bolsillo izquierdo. Quizá dentro de sus ojos está la ecuación que nos salva a todos. Y solo la tengo que ver a los ojos sin parpadear.
Creando materia, alucinando reinos.
Dar una sonrisa, una mirada lagrimosa a veces vale más que cualquier moneda.
Creo que es de locos, entonces no soy loco, loquísimo.
Haces que las flores aparezcan alrededor de tu rostro.
Eres el motivo de mi caminar. Eres la electricidad que pasa por todos mis nervios. Eres mi reacción química.
Eres mi rincón en la montaña
Eres aquella cosa que se acuesta por el oeste todas las tardes a las 6:35pm.
Eres los fotones de cada estrella que invade mis ojos.
Eres la que hace que mi lengua patine al hablar.
Eres la certeza infinita de mis latidos irregulares.
Eugenio Gutiérrez, © 2024
-
Algo extraño de ti

Con ella todo tuvo sentido. Un abrazo que duró toda la caminata a la Avenida Constitución. Sus pies nunca tocaron el piso. Yo la cargaba y ni si quiera lo supimos. Me dirigía solo por el sonido de los claxons de los conductores desesperados que cruzan esa calle tres veces al día.
Con ella ahora parece que los miércoles se pueden saltar. Que no existen los parciales. Ahora solo existen los momentos en que la miro. Lo que pasa en el exterior es lo que enreda nuestros instantes.
Porque nuestras palabras se resbalan unas tras otras, sumando renglones a nuestras pupilas.
Me da ganas de hacer algo repentino, decir que amo a una chica que ni conozco. Invitarla a Bulgaria. O nadar de San Francisco a Australia. Perdernos entre Andrómeda. Arriesgar algo, una migaja, vender el carro y mudarnos a Buenos Aires. Subir el Monte Everest descalzos, abrir un bar en la Avenida Madero, ganar un Oscar, ganar el Balón de Oro. Ganar en cuartos en la Selección Mexicana. Forzar un juego 7 con un equipo de básquetbol de Puerto Rico. Aprender a surfear y ganarle al pelado brasileño por la medalla de oro. Grafitear el palacio gubernamental. Cruzar el Sahara patrocinado por North Face. Sobrevivir una pandemia…
Encontrar una cura de la depresión dominguense, evitar que mi lengua patine antes de que pronuncie la primera sílaba a una mujer.
Algo de cómo me habla me quita el miedo a caer, el miedo a cagarla en el penal decisivo de la final de fútbol de la escuela.
Algo de como camina balancea las dagas que caen sobre nuestras cabezas.
Ella evitó el fin del mundo en 2012.
Eugenio Gutiérrez, © 2024
Home
Sobre Mí
Soy Eugenio Gutiérrez y mis ojos están llenos de historias.
