Martes de insomnio

Eugenio Gutiérrez


Home

  • Bulevares propios II

    Ganar en el último partido
    Meter el tercer penal
    Que las lágrimas nunca dejen de caer
    Las caras rojas
    Dejar recuerdos
    Gritar con todas las ganas
    Poder brincar sin pensar en el dolor
    Reír
    Llorar
    Dedicarle poemas a nuestras infancias
    Vernos por última vez
    Que el último abrazo se sienta como el primero
    Que la mirada resulte en lágrimas
    Que el ruido externo sea la audiencia para el último chiste
    Que nos reconozcamos después de siete lustros
    Que se fuera acercando la oportunidad de volvernos a ver
    Poder sonreír sabiendo que tu estabas haciendo lo mismo
    Llegar al final de la década
    Huir de nuestras preocupaciones
    Correr hacia nuestras estrellas
    Saber que sí terminó
    Saber que el final feliz sí existe

    Eugenio Gutiérrez, © 2023

  • Bulevares propios

    Me acuerdo de todo como si fuera pasando al mismo tiempo, una epifanía de memorias, de memorias grandiosas, de chistes eternos, de sonrisas contagiosas, de recreos inolvidables. 

    Cada persona me afectó de cierta manera, cada par de ojos me llenaba la mente de historias. Lo difícil de entender es que se acabará, se terminará esta etapa grande de nuestras vidas. Cada quien se va a ir por su propio camino, van a buscar sus propios bulevares que les ilumine el paso para encontrar sus causainsomnio.

    Recorrer las rutas de siempre, sufrir los lunes juntos, y disfrutar la gloria de la última clase del viernes. Jugar fútbol en el recreo, sudar sin preocupación, jugar a meter un balón entre tres postes. Poder gozar cada momento del calor de los miércoles, de quejarnos de los uniformes, de esperar que la clase de química nunca llegara.

    Me acuerdo de todas las veces que se descomponía el clima, estar juntos sufriendo sin saber que era una de las mejores épocas de nuestras vidas. Enfurecerse por la tarea, odiar tanto un cuaderno.

    Pero el sol no brilla todo el día, debemos partir, avanzar, que nuestras memorias nos sirvan para llorar, y de vez en cuando voltear a nuestro pasado para ver los años que tuvimos juntos, y saber que siempre vamos a poder acordarnos de cuando reíamos con la maestra.

    Espero que podamos chocar en el futuro, y acordarnos de todo lo lejano, contar historias de tarde en la noche, contar lo que hemos hecho, contar lo que te está causando el sueño los miércoles.

    Eugenio Gutiérrez, © 2023

  • Mi último poema

    Bajaba el sol, era el momento del atardecer, ese cuando el rojo del granero se ve más claro de lo normal, ese en que ves las hectáreas de pasto, y observas todas las historias dentro de esos campos, de cuando jugábamos.

    Pero yo solo soy un viejo sentado en una mecedora, con la mirada seria. Y tú con todo un futuro por vivir, amores esperando sufrir, experiencias intentando trascender. Ya estoy cerca del momento de mi atardecer, de cuando una luz aparece sobre mi. 

    Yo seré feliz, sabiendo que tú serás feliz, que puedas vivir la vida de tus sueños, porque va a ver un punto donde mi mirada se trabe, donde solo seré un recuerdo. Pero todo lo que quise vivir, todas las memorias, cuando conocí a tu mamá, cuando el sol brillaba un poco más fuerte. El mejor día de mi vida, cuando naciste, cuando mi vida cambió en un instante, en ese momento decidí, que toda mi pasión, todo mi esfuerzo y amor, iba a ser para ti. Me acuerdo cuando jugábamos deportes, tardes con el sol atorado en el horizonte, cualquier pelota que fuera, siempre será legendario.

    Pero no me quiero ir de este mundo, me peleo con los fantasmas, quiero sentir la comezón del pasto al estar tirado viendo las estrellas. Me arrepiento de muchas cosas, de todas las cosas que no me atreví hacer.

    Mientras que mis latidos van más despacio, mi alma se calma un poco, pero no importa nada porque tú, mi mayor éxito, estás a mi lado. Suenan tus llantos, mientras que todo se calma un poco, lo último que escucho es tu voz susurrando muy lento, “gracias por enseñarme a abrazar”.

    Eugenio Gutiérrez, © 2023

  • Quisiera vivir en los cincuentas

    Quedé sentado en una barra, sin ruido externo, una bombilla sobre mí, la única cosa que creaba decibeles era mi pluma contra mi libreta. Afuera nevaba, las luces trataban de encender las calles. 

    Escribía toda mi vida en las páginas, me acordaba de todas las personas que llegaron a inspirarme, todas las historias que me cambiaron. 

    Sonaba “It ‘s been a long, long a time” de Harry James, las calles se hacían un poco más nostálgicas, me preguntaba por qué el fin del mundo tenía que ser en domingo. Tenía un presentimiento que la noche iba a durar más de lo que pensaba. Me veía en el espejo y cuestionaba todo lo que hemos experimentado, las trompetas explotaban sobre mis oídos, por un momento me quedé calmado, pensé que era una forma tan bella en que el mundo se acabara.

    Me imaginaba a parejas de la época bailando esa canción, en un departamento, se sentía como nochebuena, bailaban con los ojos cerrados, en la cocina mientras que preparaban el pavo para las visitas, todos volteaban hacia la ventana chica de la esquina derecha de la cocina, a un lado del reloj de la abuela. Todos veían caer la nieve neoyorkina, las calles vacías, pero llenas de nostalgia en forma de agua congelada. 

    El fin del mundo, nochebuena, una tormenta de nieve, todo al mismo momento, salí de la tienda donde estaba sentado, me puse mi sombrero de la época, y seguí caminando, con la neblina bajando, mientras que escurría nieve, aunque el sol ya no volvería a salir, seguí caminando, con las trompetas en mis oídos, ya no me sentí solo. El camino de las calles se hizo un poco más claro por un momento, caminaba contra la corriente de la suerte. Esperando un futuro no muy lejano, con barras que no estén vacías, y con canciones que se puedan bailar con alguien más.

    El jazz de ese domingo cerró la obra del mundo, de la historia de la fortuna, de la soledad, de las noches nubladas de inspiración, de las calles del norte llenas de focos para iluminar almas solitarias.

    Eugenio Gutiérrez, © 2023

  • Rómpeme los fémures

    Se derrumbaban las nubes, me quedaba en silencio, el viento frío pasaba sobre mi, parecían luces de escenario, cayó la lluvia, no me movía, solo me imaginaba toda mi vida, las lágrimas caían a máxima velocidad, cada gota como una memoria inolvidable, la mayoría incluía tu mirada, o tu cadera.

    Empieza a oler a tierra mojada, los olores me llenan la mente de recuerdos, de felicidad momentánea, de noches donde no brilla la luna. Las nubes se acercan poco a poco, me llenan mi visión periférica de gris, se alargan mis dudas. 

    La soledad es un hechizo, nadie responde a su nombre en la oscuridad, nadie se quiere encontrar. Las luces del cielo nocturno me llenan de insomnio, de preocupación, ya no estoy seguro de qué tipo de ojos quiero ver cuando amanezca, por cuál cadera ilusionarme, por cuál boca sonreír. Todo empieza en la mirada, y termina en el abrazo. En tu caso empezó con el mejor abrazo, y continua con sonrisas diarias. 

    Lo único que necesité fue verte salir de esa puerta, inmaculada, imán para mis ojos. Jamás volverá a suceder ese momento, ese momento que te di ochenta mil poemas con mi fémures.

    De ella aprendí cómo amar, pero de ti quiero aprender a mirar, a cambiar la vida de alguien con solo extender los labios. Nos acordaremos para siempre de nuestros bailes solitarios en la oscuridad, sin miedo de monstruos, ni extraterrestres, baladas de fondo, mi mano derecha en tu cadera, la izquierda con tu mano derecha, mi frente plasmada a la tuya, y mis labios en los tuyos. Veía tu mirada sin poder ver tus ojos. 

    Algunas cosas nunca se olvidan, como el sabor de las gotas, la canción del primer beso, el techo de tu cuarto, las primeras palabras que te escuché. Los atardeceres que pasaban y nosotros seguiamos abrazados. Las galaxias que veía en tus ojos, cómo debilitabas mis piernas al acercarte. 

    Siempre terminamos regresando al primer amor.

    Eugenio Gutiérrez, ® 2023

  • Anomalías

    Me quedo despierto por tanto tiempo pensando en que es eso mismo, que es lo que me deja despierto, dudo, pero en verdad siempre sé que es. Es el sol con ojos, con la capacidad de abrazar. Me sale una sonrisa cada vez que pienso cuando me veas sonreír por verte a ti. No lo puedes evitar, sientes la misma presencia invisible cuando el pensamiento no te deja dormir, esa presencia que te deja todo lo necesario en la forma de tres fotos en “favoritos”, con una canción de Ed Maverick. Esa ilusión que crea poemas y dudas. Acaso cambiamos cada domingo, para querer ser genial cuando llegan los martes tocando la puerta principal.

    Hoy será el primer día que intento saber de dónde viene todo lo nocturno, de que ojos veo las historias, de qué sonrisa me quedo trabado. 

    Lágrimas y lágrimas de memorias y promesas falsas, de fuerzas que atraen a dos pares de ojos que nunca parpadeen y a qué los cuarenta y dos dientes nunca se escondan detrás de los labios.

    Júrame que nunca verás mi alma como algo falso, que nunca malinterpretarás mis brazos. Me imagino a nosotros dos caminando en la montaña, mi palma tratando de acercarse a tus dedos mágicos. Me llamabas con tus ojos, me dabas miradas, me decías toda mi vida con un parpadeo. Nunca se acabaron las brechas, caminamos por la eternidad, solo te veía ti con el fondo de la ciudad brillante, veía tantos futuros que se pueden crear fácilmente. Las calles se hacían gradualmente más chicas para que estuvieras más cerca de mi. El viento pasaba tan rápido sobre mi rostro, solo me enfocaba en una sola cosa. El viento tapaba tu cara, intentabas fingir que en ese momento no me amabas. 

    La oscuridad nunca nos afectó, se me quitó el miedo de pensar que había alguien atrás de mi, por un segundo se me quitó el miedo de morir, sabiendo que finalmente habías encontrado mis ojos. Mayo nunca fue un buen mes para fingir amores, o evitarlos. Llamas a tantas miradas con tu rostro, el cielo lentamente te empieza a iluminar, me fijo en ti más y más. 

    La canción que querías, era la que siempre sonaba en mi mente, tu risa en mi mente, tu felicidad tan especial, veía energía salir de tu cuerpo cuando hablabas. ¿Te acordarás de todas las historias que te regalo? O te las tatuarás en el muslo para que solo tú puedas ver todo el sueño que me haces perder. Pero el tiempo que piense en ti nunca será un desperdicio. Siempre relacionaré tus ojos con las millones de estrellas que me causan que escriba de eso mismo, de las verdades que me niego a aceptar.. Empiezo a levitar cuando me acerco a tu sombra, mis pupilas se retraen por la luz de amor que sale de tu sonrisa.

    Corremos, como si tuviéramos una atracción magnética, corremos porque no queremos que se acabe el momento, corro mientras que bombardeo gotas de lágrimas en las calles. Suena Bruce Springsteen, cada palabra de la canción me deja una sensación nueva, mejor que la anterior. No me canso de correr  a un destino indispensable para respirar, uno con ojos que rompen corazones, que inician civilizaciones, que no saben la locura que me metieron.

    Ayúdame a alinearnos, a entender los amores repentinos que tenemos. Cada vez que veo el atardecer me acuerdo de la primera vez que me dijiste abrázame. Lo de locos es no intentar amar, no intentar por lo menos algo que podría ser, y dejarlo como un arrepentimiento. Sé que tus sonrisas solo van dirigidas hacia una persona, pero nunca entiendes que todas las veces que enseño mis dientes, van para tus ojos, para que veas que tanto insomnio me das. Gracias a ti me siento especial en los atardeceres, tus pasos los escucho con placer, porque se que van hacia mi. 

    Te cuento de todas las frases que me llegan los viernes en la tarde, de la falta que me haces, del camino de dos metros que se abre cuando te veo, un camino que me lleva al gozo especial que se que nunca se repetirá.

    Eugenio Gutiérrez, ®2023

  • No conocía su nombre

    No me esperaba ese saludo, las voces del prójimo se escuchaban cómo balacera externa, no veía las caras de nadie. Imaginaba mis propias situaciones, mis propias preocupaciones. Hasta que llegó ella y sus ojos que jamás había visto. Una sonrisa desconocida que me causó tanta intriga, me hizo pensar en el destino, en los eventos de probabilidades, pensé que todo lo que ya tenía imaginado pudiera cambiar, solo con una sonrisa. 

    Deber tantas líneas a las hojas, pedirle perdón a la inspiración por fallar, pero sentía invitaciones de cartas, invitaciones de conversaciones hundidas en lágrimas, de llantos de guerra. Admiraba su presencia que duró menos de un parpadeo. Fuera de sus ojos no me fijé mucho, veía una camisa que le quedaba grande, sentía grandes miradas pospuestas, horas eternas de pláticas esperándonos. Me imaginaba tanto futuro, tantas lágrimas, otra línea de tiempo, otra realidad; todo con sólo un saludo y una despedida. Me sentía asustado por lo alarmante que fue la interacción. Yo entendí que ella quería que le diera mis lustros, que le regalara mis próximos poemas, y mis gritos que estaban por lanzarse a sus oídos.

    Veía su pelo como líneas de una canción olvidada, de un poema musical favorito, de la infancia, del que no te acuerdas el nombre. Su caminar me sorprendió, su cadera me llamaba, me esperaba todos los fines de semana. Imagino todo con exageración, porque sueño con el momento que podré regalar mi pasión. Terminó el cuarto de segundo, y quedé pasmado pensando medio minuto en su mano blanca donde podrían caber mil historias, las mil historias que no conocía, y las diez mil historias que estaba dispuesto a regalar. 

    Después de mil días y almas reemplazadas, aseguramos que los instantes de los viernes a la hora donde el sol se niega a descender, cambian apariencias para las próximas décadas, cambian los poemas, y las inspiraciones. Sólo por querer ser amable se puede crear algo más que formalidad. Terminaste las tristezas de mi naufragio, empezaste a enseñarme a gritar y terminar con dolores presentes. Sentía tus lecciones con miradas, sentía tu ser aventarse a mis manos mientras que se derretían sobre las hojas que te dedicaba. 

    Juraba terminar con mis sueños de volverla a ver, pero no sabía los abrazos que me faltaban experimentar.

    Eugenio Gutiérrez, ®2023

  • Poemas que escurren

    Se me atoran las palabras, me quedo paralizado, me siento tirado en la calle, en la noche congelada. Tantas frases vuelan por mi mente, solo pocas me recuerdan lo que me hace feliz.

    Todo se vuelve gris en algún punto, siempre se me pierde la consciencia, la habilidad de recordarte, de amarte. Se me olvida pensar a diario en ti, cada vez, poco a poco, me pierdo, me pierdo por estar pensando en lo peor, por no querer llorar junto a ti, la miseria se me pega, me hace gritar.

    Me doy cuenta que la tristeza viene de mis pensamientos, pienso en la peor ocasión de mi vida, de dolores olvidados, pero queriendo ser recordados. Porque se me queda tanto dolor, porque soy la causa de mi propia mísera, lloro esperando cambios internos, pero solo cambia el sabor de las lágrimas.

    Sigo arrumbado en el piso, perdido esperando ciertos ojos que me lleven al sol, hacia el camino largo de la felicidad eterna. Pero aún no puedo entender que me hace quedarme tirado, si es mis ojos que no me dejan ver claramente mis propios problemas, o si es todo lo que hago termino odiándolo, quemándolo. 

    Lléname de hielo, ya que sigo tirado en la calle, agrégame a la lista de dolores propios, deja de verme como una esperanza y toma en cuenta tu mirada, esa que casi me salvó. 

    Pero cada oración tiene orígenes, cada tristeza tuvo una felicidad momentánea, aquí estoy, esperaré todo el tiempo necesario para que esta tristeza se vaya, para que regrese esa felicidad momentánea, voy a darle todas mis décadas, esperando libertades dañadas, expectativas de ilusiones de felicidad.

    Martes de gozos, martes de pensamientos de las 11:00 P.M. Martes de amores pasados, de los buenos, los memorables. Cada semana se siente un amor diferente, ¿lo mejor?, que disfruto todo, que amo los miércoles con sueño, las comidas aburridas, los lunes amarillos, los atardeceres, los atardeceres en la montaña, donde los abrazos se esperan un poco más. 

    Cada sonrisa nueva me genera lágrimas que escurren sobre hojas, juego con cada día de la semana esperando que algo cambie, me siento abrazado por todos, camino rápidamente hacia ti para que el abrazo pueda durar más, lloro mientras corro, mis lágrimas se congelan mientras que corro hacia ti, se quedan pegadas a mi chaqueta, la tuya. 

    Nos sentamos en el bosque, nos veía desde lejos, en una foto de perfil, sonaba música de cualquier cantante melancólico, escuchaba tus frases, admiraba tus ojos espaciales, oía tu risa como canciones de los Beatles, cerraba los ojos para poder repetir ese momento de ver tus ojos eternamente, hasta que sea martes, hasta que se caiga nuestra ilusión, hasta que nos aventemos del barranco, que liberemos todo. Un día especial a la semana me siento reluciente al sueño, a la energía del próximo día, quiero que lo que sueñe sea parte de toda mi vida, de mis noches, de mis martes.

    Eugenio Gutiérrez, ®2023

  • Amores frecuentes

    Luchamos y buscamos, volteamos a ver el cielo esperando que nos diga algo, que nos conteste con respuestas que nos urgen. Que nos responda con las sonrisas escondidas que buscamos y buscamos, las cuales se esconden de nosotros, y nos deprimimos, por las causas que sean, por todas, por ningúna, preferimos llorar, o escribir.

    Las memorias no son todo, la felicidad pega mejor viviéndola, y no tratando de recrearla cerrando los ojos. Trato de creer que es falso, pero no puedo esconder mis miradas, no puedo fingir una sonrisa tan real como la que tú me regalas. 

    Negamos nuestros sentimientos, esperando lo negativo, pero no imaginando lo glorioso, esos momentos de sonrisas constantes, de ojos abiertos, de cuando tu cabeza cayó sobre mi hombro, y unos cuatro segundos después, mi cabeza cayó sobre la tuya. Después de eso, no faltaba nada, no quería nada más, solo deseaba ese momento eterno de amor, mi mente explotaba de amor, de sentimientos que te quería contar, que te quería llora. Sentía como si puentes en mi mente explotaban, no solo eras mi ilusión extendida, sino mi sueño repentino, mi esperanza de los fines de semana, tu mirada me decía tantas cosas, me contaba tantos problemas, pero yo solo veía una solución: que siguieras sonriendo.

    Sigo sin decidir cuál será mi futuro, la mirada, el abrazo, o el saludo que me dará felicidad eterna, alivio infinito, lágrimas dulces. Trato de pensar que pasaría si las miradas fueran para siempre, si los abrazos implicarían pegamento, si el saludo se pudiera mejorar, pero yo qué tengo que ver con eso, solo soy un pobre soñador, una alma perdida con solo un mapa, que me dice donde estoy y donde quiero estar, que me dice que los lunes si es recomendable levantarse, para que pueda ver que tanto te necesito.

    Me harás una canción, una foto, una lágrima, ¿me darás algo  que necesite?, Me cantarás toda tu vida una sola estrofa, me darías tu alma, para que yo te pueda dar la mía, me darías toda tu vida, para que puedas ver lo que soy, y lo que me haces ser. 

    Sueño que vas caminando lentamente hacia mi, con sonrisas y con emoción descubres que te estoy sonriendo.

    Eugenio Gutiérrez, © 2023

  • Escapes de luz

    A veces nos sentimos alejados, juramos verdades falsas. La mayoría de nuestras tardes se nos pasan pensando en los futuros que todos quisimos tener, alucinando. Generamos fines de semanas imaginarios para combatir nuestro dolor de lunes, gracias a los domingos podemos llorar los viernes. 

    Traicionamos nuestras promesas de paz para llegar a la felicidad personal. Hay momentos donde entendemos ciertas líneas de canciones diarias, hay veces que sentimos que levitamos, que vemos borroso, pero son los chubascos de lluvia que nos caen encima, nuestras pupilas crecen, entendemos cosas diferentes, pensamos en ciertas fotos favoritas de diferente manera, se nos va la luz de la mente, entra nuestro corazón por un momento breve, lo necesario. 

    Brincamos hacia los a(brazos). Vemos los ojos de cerca, con miradas fijas, nos turnamos para ver el atardecer, nunca se acabará. La ilusión eterna que tenemos al despertar los lunes. Hacer sueños con solo la mirada, construir generaciones sólo con una sonrisa.

    Trataremos de fingir ciertas cosas como las jeringas. Filos de arrepentimiento, escaleras sin fin, árboles sin junglas. Ciertos labios fueron hechos para entrelazarse con propósitos de enamoramiento, o de preocupación de no saber si seguirán ahí al próximo amanecer. Eso no lo decidimos nosotros. Se decide por la razón de extraños, la opinión de la excepción. Del rechazo estelar que terminó siendo nadie excepto un soñador que solo sigue llorando y buscando esperanzas escondidas en las canciones de Ed Maverick. Toma cierta edad para darse cuenta que ciertos sueños no se cumplen, se hacen.

    Ayúdame a trabarme en esos regresos con la canción prohibida. Ayúdame a trabarme en el tiempo para que esa canción sea eterna.

    Eugenio Gutiérrez, © 2023

Sobre Mí

Soy Eugenio Gutiérrez y mis ojos están llenos de historias.

Newsletter