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Cyndi Lauper por la mañana

Suena Time After Time, se siente como baile de los ochentas, siento el saco duro de algodón causando un sudor intenso, quizá relacionado con tu presencia. Siento la breve inclinación de tu cabeza sobre mi hombro, vemos a todos empezar a bailar con su pareja, nos miramos, me dices todo tu diario con los dos ojos más peligrosos que me he atrevido a mirar.
Me paré de la silla, sin querer tirando la coca y escurriendo toda la mesa. Te di la mano, sin parpadear, levitamos hacia la pista, me persuadías con tus tacones altos, y tu pelo acomodado en cierta manera que me recordaba a una portada de una revista ochentera, se sintió esa época, dónde las preocupaciones eran nulas.
La gente alrededor de nosotros desapareció, la pista se quedó sola, te veía como un sueño imposible, pero recordé que estaba despierto. La canción estaba en repetición en mi cabeza, nunca parecía que iba a terminar el baile, la canción, la época, la noche.
No podía olvidar este momento, quería despertar junto a ella, despertar no sabiendo la década. Junto a ella es la única música que necesito. Amanecer con chispas, bailando.
Bailar en vez de desayunar, meter un poco de emoción a la vida, poner Cyndi Lauper por la mañana, que bailemos otra y otra vez.
Eugenio Gutiérrez, © 2023
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Alegría con olor a Pantene

Vivía en esa época de luces lejanas, donde las noches se desperdiciaban, donde el medio día duraba una sonrisa.
Generaba tanta preocupación sobre mi mente, ¿qué será eso que nos da frío?
Cada segundo quería correr, que el sol me guiñara el camino correcto. Correr tanto que mi sombra se canse.
Brincaba solo de felicidad, como si el atardecer fuera el amanecer, como si las estrellas salieran en la mañana. ¿Y si vamos por un café? A escribirnos poemas en las lenguas, a juzgar la sociedad, a correr por las calles, que los semáforos estén a nuestro favor, que dejemos nuestras huellas en los charcos. Que nunca paremos de correr, que tus pantalones blancos elegantes se manchen de lodo, que sientas mis manos dañadas, que me cures mi miseria, que nos queme la luz de la luna. Que usemos el romanticismo como una daga. Tu pelo como una cascada.
Que se nos olvide checar la hora, que la montaña se nos caiga encima.
Eugenio Gutiérrez, © 2023
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Bulevares propios II

Ganar en el último partido
Meter el tercer penal
Que las lágrimas nunca dejen de caer
Las caras rojas
Dejar recuerdos
Gritar con todas las ganas
Poder brincar sin pensar en el dolor
Reír
Llorar
Dedicarle poemas a nuestras infancias
Vernos por última vez
Que el último abrazo se sienta como el primero
Que la mirada resulte en lágrimas
Que el ruido externo sea la audiencia para el último chiste
Que nos reconozcamos después de siete lustros
Que se fuera acercando la oportunidad de volvernos a ver
Poder sonreír sabiendo que tu estabas haciendo lo mismo
Llegar al final de la década
Huir de nuestras preocupaciones
Correr hacia nuestras estrellas
Saber que sí terminó
Saber que el final feliz sí existeEugenio Gutiérrez, © 2023
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Bulevares propios

Me acuerdo de todo como si fuera pasando al mismo tiempo, una epifanía de memorias, de memorias grandiosas, de chistes eternos, de sonrisas contagiosas, de recreos inolvidables.
Cada persona me afectó de cierta manera, cada par de ojos me llenaba la mente de historias. Lo difícil de entender es que se acabará, se terminará esta etapa grande de nuestras vidas. Cada quien se va a ir por su propio camino, van a buscar sus propios bulevares que les ilumine el paso para encontrar sus causainsomnio.
Recorrer las rutas de siempre, sufrir los lunes juntos, y disfrutar la gloria de la última clase del viernes. Jugar fútbol en el recreo, sudar sin preocupación, jugar a meter un balón entre tres postes. Poder gozar cada momento del calor de los miércoles, de quejarnos de los uniformes, de esperar que la clase de química nunca llegara.
Me acuerdo de todas las veces que se descomponía el clima, estar juntos sufriendo sin saber que era una de las mejores épocas de nuestras vidas. Enfurecerse por la tarea, odiar tanto un cuaderno.
Pero el sol no brilla todo el día, debemos partir, avanzar, que nuestras memorias nos sirvan para llorar, y de vez en cuando voltear a nuestro pasado para ver los años que tuvimos juntos, y saber que siempre vamos a poder acordarnos de cuando reíamos con la maestra.
Espero que podamos chocar en el futuro, y acordarnos de todo lo lejano, contar historias de tarde en la noche, contar lo que hemos hecho, contar lo que te está causando el sueño los miércoles.
Eugenio Gutiérrez, © 2023
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Mi último poema

Bajaba el sol, era el momento del atardecer, ese cuando el rojo del granero se ve más claro de lo normal, ese en que ves las hectáreas de pasto, y observas todas las historias dentro de esos campos, de cuando jugábamos.
Pero yo solo soy un viejo sentado en una mecedora, con la mirada seria. Y tú con todo un futuro por vivir, amores esperando sufrir, experiencias intentando trascender. Ya estoy cerca del momento de mi atardecer, de cuando una luz aparece sobre mi.
Yo seré feliz, sabiendo que tú serás feliz, que puedas vivir la vida de tus sueños, porque va a ver un punto donde mi mirada se trabe, donde solo seré un recuerdo. Pero todo lo que quise vivir, todas las memorias, cuando conocí a tu mamá, cuando el sol brillaba un poco más fuerte. El mejor día de mi vida, cuando naciste, cuando mi vida cambió en un instante, en ese momento decidí, que toda mi pasión, todo mi esfuerzo y amor, iba a ser para ti. Me acuerdo cuando jugábamos deportes, tardes con el sol atorado en el horizonte, cualquier pelota que fuera, siempre será legendario.
Pero no me quiero ir de este mundo, me peleo con los fantasmas, quiero sentir la comezón del pasto al estar tirado viendo las estrellas. Me arrepiento de muchas cosas, de todas las cosas que no me atreví hacer.
Mientras que mis latidos van más despacio, mi alma se calma un poco, pero no importa nada porque tú, mi mayor éxito, estás a mi lado. Suenan tus llantos, mientras que todo se calma un poco, lo último que escucho es tu voz susurrando muy lento, “gracias por enseñarme a abrazar”.
Eugenio Gutiérrez, © 2023
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Quisiera vivir en los cincuentas

Quedé sentado en una barra, sin ruido externo, una bombilla sobre mí, la única cosa que creaba decibeles era mi pluma contra mi libreta. Afuera nevaba, las luces trataban de encender las calles.
Escribía toda mi vida en las páginas, me acordaba de todas las personas que llegaron a inspirarme, todas las historias que me cambiaron.
Sonaba “It ‘s been a long, long a time” de Harry James, las calles se hacían un poco más nostálgicas, me preguntaba por qué el fin del mundo tenía que ser en domingo. Tenía un presentimiento que la noche iba a durar más de lo que pensaba. Me veía en el espejo y cuestionaba todo lo que hemos experimentado, las trompetas explotaban sobre mis oídos, por un momento me quedé calmado, pensé que era una forma tan bella en que el mundo se acabara.
Me imaginaba a parejas de la época bailando esa canción, en un departamento, se sentía como nochebuena, bailaban con los ojos cerrados, en la cocina mientras que preparaban el pavo para las visitas, todos volteaban hacia la ventana chica de la esquina derecha de la cocina, a un lado del reloj de la abuela. Todos veían caer la nieve neoyorkina, las calles vacías, pero llenas de nostalgia en forma de agua congelada.
El fin del mundo, nochebuena, una tormenta de nieve, todo al mismo momento, salí de la tienda donde estaba sentado, me puse mi sombrero de la época, y seguí caminando, con la neblina bajando, mientras que escurría nieve, aunque el sol ya no volvería a salir, seguí caminando, con las trompetas en mis oídos, ya no me sentí solo. El camino de las calles se hizo un poco más claro por un momento, caminaba contra la corriente de la suerte. Esperando un futuro no muy lejano, con barras que no estén vacías, y con canciones que se puedan bailar con alguien más.
El jazz de ese domingo cerró la obra del mundo, de la historia de la fortuna, de la soledad, de las noches nubladas de inspiración, de las calles del norte llenas de focos para iluminar almas solitarias.
Eugenio Gutiérrez, © 2023
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Rómpeme los fémures

Se derrumbaban las nubes, me quedaba en silencio, el viento frío pasaba sobre mi, parecían luces de escenario, cayó la lluvia, no me movía, solo me imaginaba toda mi vida, las lágrimas caían a máxima velocidad, cada gota como una memoria inolvidable, la mayoría incluía tu mirada, o tu cadera.
Empieza a oler a tierra mojada, los olores me llenan la mente de recuerdos, de felicidad momentánea, de noches donde no brilla la luna. Las nubes se acercan poco a poco, me llenan mi visión periférica de gris, se alargan mis dudas.
La soledad es un hechizo, nadie responde a su nombre en la oscuridad, nadie se quiere encontrar. Las luces del cielo nocturno me llenan de insomnio, de preocupación, ya no estoy seguro de qué tipo de ojos quiero ver cuando amanezca, por cuál cadera ilusionarme, por cuál boca sonreír. Todo empieza en la mirada, y termina en el abrazo. En tu caso empezó con el mejor abrazo, y continua con sonrisas diarias.
Lo único que necesité fue verte salir de esa puerta, inmaculada, imán para mis ojos. Jamás volverá a suceder ese momento, ese momento que te di ochenta mil poemas con mi fémures.
De ella aprendí cómo amar, pero de ti quiero aprender a mirar, a cambiar la vida de alguien con solo extender los labios. Nos acordaremos para siempre de nuestros bailes solitarios en la oscuridad, sin miedo de monstruos, ni extraterrestres, baladas de fondo, mi mano derecha en tu cadera, la izquierda con tu mano derecha, mi frente plasmada a la tuya, y mis labios en los tuyos. Veía tu mirada sin poder ver tus ojos.
Algunas cosas nunca se olvidan, como el sabor de las gotas, la canción del primer beso, el techo de tu cuarto, las primeras palabras que te escuché. Los atardeceres que pasaban y nosotros seguiamos abrazados. Las galaxias que veía en tus ojos, cómo debilitabas mis piernas al acercarte.
Siempre terminamos regresando al primer amor.
Eugenio Gutiérrez, ® 2023
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Anomalías

Me quedo despierto por tanto tiempo pensando en que es eso mismo, que es lo que me deja despierto, dudo, pero en verdad siempre sé que es. Es el sol con ojos, con la capacidad de abrazar. Me sale una sonrisa cada vez que pienso cuando me veas sonreír por verte a ti. No lo puedes evitar, sientes la misma presencia invisible cuando el pensamiento no te deja dormir, esa presencia que te deja todo lo necesario en la forma de tres fotos en “favoritos”, con una canción de Ed Maverick. Esa ilusión que crea poemas y dudas. Acaso cambiamos cada domingo, para querer ser genial cuando llegan los martes tocando la puerta principal.
Hoy será el primer día que intento saber de dónde viene todo lo nocturno, de que ojos veo las historias, de qué sonrisa me quedo trabado.
Lágrimas y lágrimas de memorias y promesas falsas, de fuerzas que atraen a dos pares de ojos que nunca parpadeen y a qué los cuarenta y dos dientes nunca se escondan detrás de los labios.
Júrame que nunca verás mi alma como algo falso, que nunca malinterpretarás mis brazos. Me imagino a nosotros dos caminando en la montaña, mi palma tratando de acercarse a tus dedos mágicos. Me llamabas con tus ojos, me dabas miradas, me decías toda mi vida con un parpadeo. Nunca se acabaron las brechas, caminamos por la eternidad, solo te veía ti con el fondo de la ciudad brillante, veía tantos futuros que se pueden crear fácilmente. Las calles se hacían gradualmente más chicas para que estuvieras más cerca de mi. El viento pasaba tan rápido sobre mi rostro, solo me enfocaba en una sola cosa. El viento tapaba tu cara, intentabas fingir que en ese momento no me amabas.
La oscuridad nunca nos afectó, se me quitó el miedo de pensar que había alguien atrás de mi, por un segundo se me quitó el miedo de morir, sabiendo que finalmente habías encontrado mis ojos. Mayo nunca fue un buen mes para fingir amores, o evitarlos. Llamas a tantas miradas con tu rostro, el cielo lentamente te empieza a iluminar, me fijo en ti más y más.
La canción que querías, era la que siempre sonaba en mi mente, tu risa en mi mente, tu felicidad tan especial, veía energía salir de tu cuerpo cuando hablabas. ¿Te acordarás de todas las historias que te regalo? O te las tatuarás en el muslo para que solo tú puedas ver todo el sueño que me haces perder. Pero el tiempo que piense en ti nunca será un desperdicio. Siempre relacionaré tus ojos con las millones de estrellas que me causan que escriba de eso mismo, de las verdades que me niego a aceptar.. Empiezo a levitar cuando me acerco a tu sombra, mis pupilas se retraen por la luz de amor que sale de tu sonrisa.
Corremos, como si tuviéramos una atracción magnética, corremos porque no queremos que se acabe el momento, corro mientras que bombardeo gotas de lágrimas en las calles. Suena Bruce Springsteen, cada palabra de la canción me deja una sensación nueva, mejor que la anterior. No me canso de correr a un destino indispensable para respirar, uno con ojos que rompen corazones, que inician civilizaciones, que no saben la locura que me metieron.
Ayúdame a alinearnos, a entender los amores repentinos que tenemos. Cada vez que veo el atardecer me acuerdo de la primera vez que me dijiste abrázame. Lo de locos es no intentar amar, no intentar por lo menos algo que podría ser, y dejarlo como un arrepentimiento. Sé que tus sonrisas solo van dirigidas hacia una persona, pero nunca entiendes que todas las veces que enseño mis dientes, van para tus ojos, para que veas que tanto insomnio me das. Gracias a ti me siento especial en los atardeceres, tus pasos los escucho con placer, porque se que van hacia mi.
Te cuento de todas las frases que me llegan los viernes en la tarde, de la falta que me haces, del camino de dos metros que se abre cuando te veo, un camino que me lleva al gozo especial que se que nunca se repetirá.
Eugenio Gutiérrez, ®2023
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No conocía su nombre

No me esperaba ese saludo, las voces del prójimo se escuchaban cómo balacera externa, no veía las caras de nadie. Imaginaba mis propias situaciones, mis propias preocupaciones. Hasta que llegó ella y sus ojos que jamás había visto. Una sonrisa desconocida que me causó tanta intriga, me hizo pensar en el destino, en los eventos de probabilidades, pensé que todo lo que ya tenía imaginado pudiera cambiar, solo con una sonrisa.
Deber tantas líneas a las hojas, pedirle perdón a la inspiración por fallar, pero sentía invitaciones de cartas, invitaciones de conversaciones hundidas en lágrimas, de llantos de guerra. Admiraba su presencia que duró menos de un parpadeo. Fuera de sus ojos no me fijé mucho, veía una camisa que le quedaba grande, sentía grandes miradas pospuestas, horas eternas de pláticas esperándonos. Me imaginaba tanto futuro, tantas lágrimas, otra línea de tiempo, otra realidad; todo con sólo un saludo y una despedida. Me sentía asustado por lo alarmante que fue la interacción. Yo entendí que ella quería que le diera mis lustros, que le regalara mis próximos poemas, y mis gritos que estaban por lanzarse a sus oídos.
Veía su pelo como líneas de una canción olvidada, de un poema musical favorito, de la infancia, del que no te acuerdas el nombre. Su caminar me sorprendió, su cadera me llamaba, me esperaba todos los fines de semana. Imagino todo con exageración, porque sueño con el momento que podré regalar mi pasión. Terminó el cuarto de segundo, y quedé pasmado pensando medio minuto en su mano blanca donde podrían caber mil historias, las mil historias que no conocía, y las diez mil historias que estaba dispuesto a regalar.
Después de mil días y almas reemplazadas, aseguramos que los instantes de los viernes a la hora donde el sol se niega a descender, cambian apariencias para las próximas décadas, cambian los poemas, y las inspiraciones. Sólo por querer ser amable se puede crear algo más que formalidad. Terminaste las tristezas de mi naufragio, empezaste a enseñarme a gritar y terminar con dolores presentes. Sentía tus lecciones con miradas, sentía tu ser aventarse a mis manos mientras que se derretían sobre las hojas que te dedicaba.
Juraba terminar con mis sueños de volverla a ver, pero no sabía los abrazos que me faltaban experimentar.
Eugenio Gutiérrez, ®2023
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Poemas que escurren

Se me atoran las palabras, me quedo paralizado, me siento tirado en la calle, en la noche congelada. Tantas frases vuelan por mi mente, solo pocas me recuerdan lo que me hace feliz.
Todo se vuelve gris en algún punto, siempre se me pierde la consciencia, la habilidad de recordarte, de amarte. Se me olvida pensar a diario en ti, cada vez, poco a poco, me pierdo, me pierdo por estar pensando en lo peor, por no querer llorar junto a ti, la miseria se me pega, me hace gritar.
Me doy cuenta que la tristeza viene de mis pensamientos, pienso en la peor ocasión de mi vida, de dolores olvidados, pero queriendo ser recordados. Porque se me queda tanto dolor, porque soy la causa de mi propia mísera, lloro esperando cambios internos, pero solo cambia el sabor de las lágrimas.
Sigo arrumbado en el piso, perdido esperando ciertos ojos que me lleven al sol, hacia el camino largo de la felicidad eterna. Pero aún no puedo entender que me hace quedarme tirado, si es mis ojos que no me dejan ver claramente mis propios problemas, o si es todo lo que hago termino odiándolo, quemándolo.
Lléname de hielo, ya que sigo tirado en la calle, agrégame a la lista de dolores propios, deja de verme como una esperanza y toma en cuenta tu mirada, esa que casi me salvó.
Pero cada oración tiene orígenes, cada tristeza tuvo una felicidad momentánea, aquí estoy, esperaré todo el tiempo necesario para que esta tristeza se vaya, para que regrese esa felicidad momentánea, voy a darle todas mis décadas, esperando libertades dañadas, expectativas de ilusiones de felicidad.
Martes de gozos, martes de pensamientos de las 11:00 P.M. Martes de amores pasados, de los buenos, los memorables. Cada semana se siente un amor diferente, ¿lo mejor?, que disfruto todo, que amo los miércoles con sueño, las comidas aburridas, los lunes amarillos, los atardeceres, los atardeceres en la montaña, donde los abrazos se esperan un poco más.
Cada sonrisa nueva me genera lágrimas que escurren sobre hojas, juego con cada día de la semana esperando que algo cambie, me siento abrazado por todos, camino rápidamente hacia ti para que el abrazo pueda durar más, lloro mientras corro, mis lágrimas se congelan mientras que corro hacia ti, se quedan pegadas a mi chaqueta, la tuya.
Nos sentamos en el bosque, nos veía desde lejos, en una foto de perfil, sonaba música de cualquier cantante melancólico, escuchaba tus frases, admiraba tus ojos espaciales, oía tu risa como canciones de los Beatles, cerraba los ojos para poder repetir ese momento de ver tus ojos eternamente, hasta que sea martes, hasta que se caiga nuestra ilusión, hasta que nos aventemos del barranco, que liberemos todo. Un día especial a la semana me siento reluciente al sueño, a la energía del próximo día, quiero que lo que sueñe sea parte de toda mi vida, de mis noches, de mis martes.
Eugenio Gutiérrez, ®2023
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Soy Eugenio Gutiérrez y mis ojos están llenos de historias.
