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Inviernos ficticios

Me siento en la silla donde se siente un poco más frío de lo normal, ese lugar donde se pone gris a las tres de la tarde, donde se prenden solos los cigarros, donde escuchas más las voces de consejos.
El carbón no prendía, el perro ya no hacía desmadre, el alcohol quemaba la tierra sagrada. En mi libreta sólo veía llantos, garabatos de miseria, sólo comas tratando de gritar un mensaje.
Sentía las calles despejadas, los ojos de todas viendo mis manos, futuros pasaban sobre mis talones.
Prometo no verme en el espejo, prometo no amar cerca de la noche, prometo dormir, prometo entender qué causa la lluvia, si seguimos y seguimos corriendo chocaremos de vez en cuando, nos miraremos y nos acomodaremos el cabello.
Seguir esperando el invierno, esperar que la nieve caiga poco a poco, que nos congele, no todo. Que nos dejen los ojos, que el hielo nos cubra como cobija, que solo nos veamos a los ojos, como quiera tendremos la eternidad para resolver todo el universo con la mirada.
Se siente falso que se puede ofrecer todo, que mis manos están siendo controladas por un espíritu navideño lleno de nostalgia, aventando letras hacia tu mente.
¿Me darías tus manos para darte mis años? Y si nos turnamos lustro por lustro para amarnos, yo empiezo.
Eugenio Gutiérrez, © 2023
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80,000 años luz

Buscamos nuestro lugar en las estrellas, esperanzas de ancestros. Todo está por resolver, todo está por descubrir, nunca sabremos nuestro verdadero propósito en el universo. Los planetas lejanos nos llaman, están esperando nuestras historias, nuestra alma. Nacimos para poder entender que somos una parte pequeña de un universo infinito, con enormes posibilidades, con probabilidades de seres complicados, más complejos que nosotros.
Flotando en el espacio abierto, oscuro, sin final, buscando el futuro de nuestros ancestros. Todo está por descubrirse, por amarse. Nada será comprendido completamente. Nada se fijará en nuestras mentes excepto el pensamiento de poder buscar los límites de la expansión y exploración humana.
Lo que nos separa de otras especies, son nuestras conexiones. De hermanos, de ese amor incondicional que detiene guerras, que derrumba las barreras del odio. Problemas que se resuelven con abrazos. De padre a hijo, amor eterno que reescribe la gravedad y el tiempo, que redefine reglas universales, amor universal, incomparable, palabras que generan más que sonrisas. De madre a hijo, amor que se regala, amor que nunca se pierde, amor que define la física, la realidad.
Lágrimas que cambian líneas de tiempos, abrazos que ilusionan por lustros. Todo lo hacemos por amor, ya sea cercano, o lejano, a años de distancia, apartados por galaxias, la conexión sigue viva, brillando a la velocidad del amor.
Eugenio Gutiérrez, © 2023
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¿Y si somos fantasmas?

¿Y si somos fantasmas? ¿Y si somos proyecciones de nuestra felicidad no alcanzada, de nuestras almas ya muertas? ¿Y si ya estamos en el cielo, o en el fondo del infierno? ¿Y si lo que nos hace vivir es que ya morimos?
Fuera acerca del amor, o de los días nublados. ¿Y si éramos personas con motivaciones oscuras, y hasta con diferentes conciencias que terminamos quemando el cielo?
Llegó la ocasión en que descubría la verdad, nuestra pasión, orgullo.
¿Por qué cuando el sol bajó quedé dudando sobre el suelo mientras que los rayos cayeron y me metieron dudas a la mente? ¿Y si ya morimos?
Porque no nos arriesgamos a el amor, a dos minutos más con la mujer perfecta, a que dejemos el dolor como un antecedente. Hasta ya muertos no nos liberamos.
Los rayos naranjas se sentían como el fin del mundo, siempre sentía que el fin del mundo tenía que ver con el naranja, con el atardecer. ¿Qué otra manera más habría de terminar la vida, o la vida después de la vida, sino viendo el sol bajar por última vez?
A lo mejor no como fantasmas, pero ¿entonces cómo sabríamos que vivimos si eso mismo ya lo hicimos sin darnos cuenta?
No sabemos si hay una tercera vida, o infinitas, así que si fuera nuestro primer o segundo intento, o quizá el último, la última vida, pero eso no sabemos, debemos amar todos los segundos de las décadas que vivimos, para no desperdiciar ningún segundo de nuestras vidas con algo más que no sea dando todo nuestro amor.
El propósito de amar es olvidar los dolores y recordar todos los caminos que llegan hacia tus pupilas.
Eugenio Gutiérrez, © 2023
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Cyndi Lauper por la mañana

Suena Time After Time, se siente como baile de los ochentas, siento el saco duro de algodón causando un sudor intenso, quizá relacionado con tu presencia. Siento la breve inclinación de tu cabeza sobre mi hombro, vemos a todos empezar a bailar con su pareja, nos miramos, me dices todo tu diario con los dos ojos más peligrosos que me he atrevido a mirar.
Me paré de la silla, sin querer tirando la coca y escurriendo toda la mesa. Te di la mano, sin parpadear, levitamos hacia la pista, me persuadías con tus tacones altos, y tu pelo acomodado en cierta manera que me recordaba a una portada de una revista ochentera, se sintió esa época, dónde las preocupaciones eran nulas.
La gente alrededor de nosotros desapareció, la pista se quedó sola, te veía como un sueño imposible, pero recordé que estaba despierto. La canción estaba en repetición en mi cabeza, nunca parecía que iba a terminar el baile, la canción, la época, la noche.
No podía olvidar este momento, quería despertar junto a ella, despertar no sabiendo la década. Junto a ella es la única música que necesito. Amanecer con chispas, bailando.
Bailar en vez de desayunar, meter un poco de emoción a la vida, poner Cyndi Lauper por la mañana, que bailemos otra y otra vez.
Eugenio Gutiérrez, © 2023
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Alegría con olor a Pantene

Vivía en esa época de luces lejanas, donde las noches se desperdiciaban, donde el medio día duraba una sonrisa.
Generaba tanta preocupación sobre mi mente, ¿qué será eso que nos da frío?
Cada segundo quería correr, que el sol me guiñara el camino correcto. Correr tanto que mi sombra se canse.
Brincaba solo de felicidad, como si el atardecer fuera el amanecer, como si las estrellas salieran en la mañana. ¿Y si vamos por un café? A escribirnos poemas en las lenguas, a juzgar la sociedad, a correr por las calles, que los semáforos estén a nuestro favor, que dejemos nuestras huellas en los charcos. Que nunca paremos de correr, que tus pantalones blancos elegantes se manchen de lodo, que sientas mis manos dañadas, que me cures mi miseria, que nos queme la luz de la luna. Que usemos el romanticismo como una daga. Tu pelo como una cascada.
Que se nos olvide checar la hora, que la montaña se nos caiga encima.
Eugenio Gutiérrez, © 2023
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Bulevares propios II

Ganar en el último partido
Meter el tercer penal
Que las lágrimas nunca dejen de caer
Las caras rojas
Dejar recuerdos
Gritar con todas las ganas
Poder brincar sin pensar en el dolor
Reír
Llorar
Dedicarle poemas a nuestras infancias
Vernos por última vez
Que el último abrazo se sienta como el primero
Que la mirada resulte en lágrimas
Que el ruido externo sea la audiencia para el último chiste
Que nos reconozcamos después de siete lustros
Que se fuera acercando la oportunidad de volvernos a ver
Poder sonreír sabiendo que tu estabas haciendo lo mismo
Llegar al final de la década
Huir de nuestras preocupaciones
Correr hacia nuestras estrellas
Saber que sí terminó
Saber que el final feliz sí existeEugenio Gutiérrez, © 2023
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Bulevares propios

Me acuerdo de todo como si fuera pasando al mismo tiempo, una epifanía de memorias, de memorias grandiosas, de chistes eternos, de sonrisas contagiosas, de recreos inolvidables.
Cada persona me afectó de cierta manera, cada par de ojos me llenaba la mente de historias. Lo difícil de entender es que se acabará, se terminará esta etapa grande de nuestras vidas. Cada quien se va a ir por su propio camino, van a buscar sus propios bulevares que les ilumine el paso para encontrar sus causainsomnio.
Recorrer las rutas de siempre, sufrir los lunes juntos, y disfrutar la gloria de la última clase del viernes. Jugar fútbol en el recreo, sudar sin preocupación, jugar a meter un balón entre tres postes. Poder gozar cada momento del calor de los miércoles, de quejarnos de los uniformes, de esperar que la clase de química nunca llegara.
Me acuerdo de todas las veces que se descomponía el clima, estar juntos sufriendo sin saber que era una de las mejores épocas de nuestras vidas. Enfurecerse por la tarea, odiar tanto un cuaderno.
Pero el sol no brilla todo el día, debemos partir, avanzar, que nuestras memorias nos sirvan para llorar, y de vez en cuando voltear a nuestro pasado para ver los años que tuvimos juntos, y saber que siempre vamos a poder acordarnos de cuando reíamos con la maestra.
Espero que podamos chocar en el futuro, y acordarnos de todo lo lejano, contar historias de tarde en la noche, contar lo que hemos hecho, contar lo que te está causando el sueño los miércoles.
Eugenio Gutiérrez, © 2023
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Mi último poema

Bajaba el sol, era el momento del atardecer, ese cuando el rojo del granero se ve más claro de lo normal, ese en que ves las hectáreas de pasto, y observas todas las historias dentro de esos campos, de cuando jugábamos.
Pero yo solo soy un viejo sentado en una mecedora, con la mirada seria. Y tú con todo un futuro por vivir, amores esperando sufrir, experiencias intentando trascender. Ya estoy cerca del momento de mi atardecer, de cuando una luz aparece sobre mi.
Yo seré feliz, sabiendo que tú serás feliz, que puedas vivir la vida de tus sueños, porque va a ver un punto donde mi mirada se trabe, donde solo seré un recuerdo. Pero todo lo que quise vivir, todas las memorias, cuando conocí a tu mamá, cuando el sol brillaba un poco más fuerte. El mejor día de mi vida, cuando naciste, cuando mi vida cambió en un instante, en ese momento decidí, que toda mi pasión, todo mi esfuerzo y amor, iba a ser para ti. Me acuerdo cuando jugábamos deportes, tardes con el sol atorado en el horizonte, cualquier pelota que fuera, siempre será legendario.
Pero no me quiero ir de este mundo, me peleo con los fantasmas, quiero sentir la comezón del pasto al estar tirado viendo las estrellas. Me arrepiento de muchas cosas, de todas las cosas que no me atreví hacer.
Mientras que mis latidos van más despacio, mi alma se calma un poco, pero no importa nada porque tú, mi mayor éxito, estás a mi lado. Suenan tus llantos, mientras que todo se calma un poco, lo último que escucho es tu voz susurrando muy lento, “gracias por enseñarme a abrazar”.
Eugenio Gutiérrez, © 2023
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Quisiera vivir en los cincuentas

Quedé sentado en una barra, sin ruido externo, una bombilla sobre mí, la única cosa que creaba decibeles era mi pluma contra mi libreta. Afuera nevaba, las luces trataban de encender las calles.
Escribía toda mi vida en las páginas, me acordaba de todas las personas que llegaron a inspirarme, todas las historias que me cambiaron.
Sonaba “It ‘s been a long, long a time” de Harry James, las calles se hacían un poco más nostálgicas, me preguntaba por qué el fin del mundo tenía que ser en domingo. Tenía un presentimiento que la noche iba a durar más de lo que pensaba. Me veía en el espejo y cuestionaba todo lo que hemos experimentado, las trompetas explotaban sobre mis oídos, por un momento me quedé calmado, pensé que era una forma tan bella en que el mundo se acabara.
Me imaginaba a parejas de la época bailando esa canción, en un departamento, se sentía como nochebuena, bailaban con los ojos cerrados, en la cocina mientras que preparaban el pavo para las visitas, todos volteaban hacia la ventana chica de la esquina derecha de la cocina, a un lado del reloj de la abuela. Todos veían caer la nieve neoyorkina, las calles vacías, pero llenas de nostalgia en forma de agua congelada.
El fin del mundo, nochebuena, una tormenta de nieve, todo al mismo momento, salí de la tienda donde estaba sentado, me puse mi sombrero de la época, y seguí caminando, con la neblina bajando, mientras que escurría nieve, aunque el sol ya no volvería a salir, seguí caminando, con las trompetas en mis oídos, ya no me sentí solo. El camino de las calles se hizo un poco más claro por un momento, caminaba contra la corriente de la suerte. Esperando un futuro no muy lejano, con barras que no estén vacías, y con canciones que se puedan bailar con alguien más.
El jazz de ese domingo cerró la obra del mundo, de la historia de la fortuna, de la soledad, de las noches nubladas de inspiración, de las calles del norte llenas de focos para iluminar almas solitarias.
Eugenio Gutiérrez, © 2023
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Rómpeme los fémures

Se derrumbaban las nubes, me quedaba en silencio, el viento frío pasaba sobre mi, parecían luces de escenario, cayó la lluvia, no me movía, solo me imaginaba toda mi vida, las lágrimas caían a máxima velocidad, cada gota como una memoria inolvidable, la mayoría incluía tu mirada, o tu cadera.
Empieza a oler a tierra mojada, los olores me llenan la mente de recuerdos, de felicidad momentánea, de noches donde no brilla la luna. Las nubes se acercan poco a poco, me llenan mi visión periférica de gris, se alargan mis dudas.
La soledad es un hechizo, nadie responde a su nombre en la oscuridad, nadie se quiere encontrar. Las luces del cielo nocturno me llenan de insomnio, de preocupación, ya no estoy seguro de qué tipo de ojos quiero ver cuando amanezca, por cuál cadera ilusionarme, por cuál boca sonreír. Todo empieza en la mirada, y termina en el abrazo. En tu caso empezó con el mejor abrazo, y continua con sonrisas diarias.
Lo único que necesité fue verte salir de esa puerta, inmaculada, imán para mis ojos. Jamás volverá a suceder ese momento, ese momento que te di ochenta mil poemas con mi fémures.
De ella aprendí cómo amar, pero de ti quiero aprender a mirar, a cambiar la vida de alguien con solo extender los labios. Nos acordaremos para siempre de nuestros bailes solitarios en la oscuridad, sin miedo de monstruos, ni extraterrestres, baladas de fondo, mi mano derecha en tu cadera, la izquierda con tu mano derecha, mi frente plasmada a la tuya, y mis labios en los tuyos. Veía tu mirada sin poder ver tus ojos.
Algunas cosas nunca se olvidan, como el sabor de las gotas, la canción del primer beso, el techo de tu cuarto, las primeras palabras que te escuché. Los atardeceres que pasaban y nosotros seguiamos abrazados. Las galaxias que veía en tus ojos, cómo debilitabas mis piernas al acercarte.
Siempre terminamos regresando al primer amor.
Eugenio Gutiérrez, ® 2023
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Soy Eugenio Gutiérrez y mis ojos están llenos de historias.
