
Veamos la noche, sólo por un instante, en este espacio que nos rodea sólo existen sombras que nos intentan distraer. Mi cartera cargada de esperanzas me baja los pantalones, el sauna que siento dentro de mi abrigo cuando hace frío me pone pájaros sobre la cabeza.
Veamos la noche. Fabiana quiere besarse conmigo, yo la rechazo y le propongo sólo mirarnos a una distancia en que pueda ver la luna reflejada en sus ojos.
Fabiana me ruega por un beso, yo le ruego que escuche mi poema, le ruego que escuche una nueva canción que le escribí. Mientras le canto me mira como si estuviera chimuelo. Pienso que esta canción será un hit, quizá podré reunir por tercera vez la vieja banda, pero cómo podré dejar la mujer perfecta aquí en un campo donde la única audiencia son algunos grillos metiches.
Mi guitarra comienza a expulsar flujos de energía azul, como si fuera un glaciar en erupción. Levitamos, quizá Fabi le metió algo a mi trago o su mirada me pega tanto.
Desde mi visión periférica rompemos la estratosfera y estamos por pasar la luna. Hay luces que se reflejan en las pupilas de Fabi, quizá es una nave de monstruos espaciales que van rumbo a la tierra. Quizá Rusia ya metió los códigos mortales, quizá el sol explotó, todo vale madres. Yo sólo puedo admirar como ella roba toda la luz de mis ojos y su cabello me persuade a seguir maltratándome las manos al tocar la guitarra sin púa.
Eugenio Gutiérrez, © 2023

Deja un comentario