Martes de insomnio

Eugenio Gutiérrez


Pastor de nuestros corazones

Antes de la mañana nocturna, la neblina se contagia y las luces se funden, me levanto antes de que pueda ver el sol, y me duermo antes de lograr ver el eclipse.

Mi chaqueta de lluvia formal se enloda, siento en mis manos mil punzadas, veo a mi perro, me mira con tanta felicidad, él que da su vida y su alma por mí, y yo dudando de lo que me pasa durante la noche. Pone sus patas en mis muslos, me ve cara a cara, yo con lágrimas manchando mi cinto, y él con sus orejas hacia abajo. Observo a mi alrededor, es de esos días donde ningún reloj funciona, podría ser medio día o estar a dos segundos del próximo día, las nubes a dos metros de mi cabeza, todas las plantas apuntan hacia el piso, nadie sale de su casa, nadie habla, sólo intentan fingir verdades y arrepentir mentiras. 

Abrazo mi perro, lo que necesitaba entender, lo entendió, sus ojos me dicen todo, a pesar de él estar cansado siempre quiere jugar, brincar, quiere pasear, le dije que nada será igual y con sus orejas me hizo saber que entendió todo, lo abracé y cuatro lágrimas cayeron sobre su espalda cuando sentí su corazón latir. Le dije que tenía que ser fuerte, escucho sus llantos mientras que me alejo despacio. Cada paso que doy,  más quiero volver con él. Me lo imagino solo y tirado en el piso helado buscando olores que rastrear, aromas que le aparezcan tres pares de zapatos. 

Sólo espero que llegue el día asoleado con brisas repentinas, donde pueda jugar con él todo el día, donde le compraría diez copias de mis zapatos para que los pueda morder cuando quiera. Donde pueda repetir y repetir y repetir el lanzamiento de  su pelota naranja y azul. Él solo quiere descansar y al mismo tiempo correr, quiere olvidar el olor a fuego, y oler almuerzos de navidad. Quiere olvidar memorias de cuando se quedó paralizado frente al infierno, y de donde salía, escapando con su mejor amigo, la primera cara que vio, la primera cara a la cual le sonrió, quiere ver esa cara otra vez, la quiere ver para siempre, solo quiere jugar mordiendo la bolsa de ropa sucia. Quiere que le lancemos la pelota, lo acariciemos lentamente hasta que se duerma, aunque él no duerme, él es el lobo que nos protege en las noches de Rottweilers, de osos, de demonios.

Eugenio Gutiérrez, © 2023



Una respuesta a «Pastor de nuestros corazones»

  1. Eugenio, estás tremendo con esa inspiración que fuiste dotado desarrollando cualesquier tema de una manera que te conquista , te atrae.

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Sobre Mí

Soy Eugenio Gutiérrez y mis ojos están llenos de historias.

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